
Mientras intenta dormir estira su brazo para encontrar el brazo del amante. Es tan tierno... y tan desconocido. Pero no importa. Su cuerpo se siente caliente desde allí, casi diría, desde la distancia. Léa provocadora de distancia. Puede tener un cuerpo desnudo a solo cinco centímetros de su cuerpo y helarte ña sangre, y hacer que te veas pálido y sin vida cristalinoreflejado en sus ojos. Cuando nace de ella esa imagen la mayoría intenta autoignorarse, sin dejar de pensar que lo único que están intentando no ver es a ellos mismos. Siguen, no obstante, la tarea del acoplamiento, sin interrupción alguna, aunque dentro de sí se levanten terribles taquicardias vendabálicas.
En las noches de mucha soledad. De verdaderamente mesientosola, Léa tiende a pendonear. Noche sí, noche también. Sombra aquí y sombra allá, maquíllate, maquíllate. Se hace fuerte al ritmo de Mecano. Al poco, de sola a maquilladísima: se encuentra en la calle con ganas de cosas variopintas: bailar, escuchar música horrible, dejarse tocar o tocar a extraños. No importa. Con tal de sentirse viva. Sin embargo, hay una escena que siempre le viene a la mente cuando, a oscuras, siente la mano de un extrañ@ rozar la suya con o sin cautela. Siempre le viene a la mente cuando es@ extrañ@ acerca su cuerpo contra el suyo al son de "Hung Up"... y ella no puede dejar de bailar sin despegarse. Se sabe mala, pero no puede, no puede, no puede. Es, entonces, un poco como Alejandra, o quién sabe quien. En décimas de segundo las manos correrán buscando el calor que las noches de soledad nunca han tenido, y se iniciará la fase en la que una y otra vez escuchará las frases cronológicamente ordenadas de todos los consejos de cada conocido y cada amigo y cada novia, cada novio, cada amante.
ESCENA QUE SIEMPRE VIENE A LA MENTE DE LÉA, Y LO QUE PIENSA LÉA ENTONCES: LA CERVECITA
Léa y la cervecita antes de que venga un amigo. La espera con la cervecita.
Cervecita: ser inanimado. Según la RAE "bebida alcohólica hecha con granos germinados de cebada u otros cereales fermentados en agua, y aromatizada con lúpulo, boj, casia, etc.". Engloba también al recipiente que la contiene. Acaba por ser una jarra, una copa o un vaso relleno de cerveza. Cervecita es mi cerveza, normalmente. El camarero trae la cervecita, para amenizar la espera de Luís. Luís no viene. Léa piensa. Y, al rato, Cervecita dice:
¿Estás segura de que te encuentras bien levantándote en las camas de extrañ@s? ¿Estás segura de que es lo que quieres?
Léa: joder. Las cervezas no hablan, ¿no?
Cervecita: no creas todo lo que dicen. Contesta a la pregunta.
Léa: cállate, ¿acaso una debe contestar a todas las preguntas que le hacen? No pienso justificarme ante un ser inanimado.
Pero cervecita ya había formulado la pregunta y esta se había enganchado al corazón de Léa tan fuerte que cada vez que follaba por ahí, cada vez que su nariz registraba el olor de un amante distinto o cada vez que el orgasmo llegaba, como por arte de magia, el corazón se encogía tanto que se le cortaba la respiración y hacía daño, un daño increíble. Señal de que nunca debes confiar en los extraños, y nunca debes creer más que lo que ven tus propios ojos.



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